sábado, 11 de diciembre de 2021

MODERNIZACION Y CAMBIO UNIVERSITARIO

 Es reiterativo la aspiración universitaria de invertir el tiempo necesario para preparar un serio programa de modernización y transformación universitaria para la nueva universidad, ello, frente a la perspectiva de que ya la universidad no es lo que solía ser, es decir un campus democrático, critico, creativo, innovador, plural, cultural y ductor de un país, claro, más allá de la formación de profesionales e investigadores. La universidad ha sido intervenida sistemáticamente por el régimen y poco a poco cambió su misión, visión y objetivos. Frente a ello, se requiere un cambio del modelo político para retomar esas características, mientras tanto, contribuyamos a formular un nuevo modelo de universidad acorde a los tiempos y a los significativos cambios sociales nacionales e incluso globales.


Persiguiendo la visión de Benjamín Franklin  para la educación superior en los albores de la independencia norteamericana, su visión modelaba los objetivos del nuevo mundo con el deseo expreso de mantener la incipiente democracia y avanzar en el desarrollo de la ciencia dentro de la perspectiva de conceder ampliamente el acceso a la educación superior y fomentar más allá de las profesiones, la ciudadanía activa; con visión de futuro afirmo:


  “..nada más importante para el bien público que formar y entrenar a la juventud en la sabiduría y la virtud. Los hombres sabios, y buenos son, la fuerza de un estado, mucho más que las riquezas o las armas, los cuales, bajo el manejo de la ignorancia y la maldad, a menudo traen miseria en lugar de proveer la seguridad de un pueblo” 


Siguiendo entonces estas formidables reflexiones, la necesidad de retomar la universidad es necesaria para dirigir los esfuerzos en estos menesteres ciudadanos, y para repensar la universidad en estos tiempos de necesario cambio.


La generación de reformas universitarias a finales del siglo XX se caracterizaron fundamentalmente por cambios en los modelos de financiamiento, en la exigencia de la búsqueda de eficiencia a través de la implantación de sistemas evaluativos y de atención a las presiones por relaciones más estrechas con el sector productivo. Agencias internacionales como la UNESCO y el Banco Mundial tuvieron un papel importante en la introducción en el discurso para la agenda de transformación, con los diferentes matices que la caracterizan, 


Vale la pena destacar el fenómeno de la globalización, y los nuevos paradigmas como sociedad de la información, sociedad del conocimiento,  y su complejidad los cuales imponen a la educación superior nuevas formas y retos, en los que se comienzan a gestar nuevas modalidades de universidad, entre ellas la universidad virtual y la universidad corporativa al que en consecuencia, se le exige que se transforme-; sin dejar de resaltar también, que comienza a surgir un mercado educativo de carreras y programas de educación que pondrán en apuros a los propios sistemas nacionales de educación superior.


Estos nuevos fenómenos de cambio que están irrumpiendo con fuerza en el siglo XXI tienen que ver por un lado con las exigencias de la globalización económica, de calidad, pertinencia, competitividad y ampliación en el acceso a la universidad, mientras que, otros aspectos, tienen que ver con los requerimientos de la globalización educativa y, por lo tanto, de la internacionalización como forma activa de responder a la sociedad del conocimiento. La modernización del sistema de educación superior es fundamental, para abrir nuevos espacios de competitividad y pertinencia social, se precisa lograr transformaciones en los sistemas de educación superior frente a los retos que impone la nueva sociedad. 


El modelo tradicional de universidad no resiste a las exigencias de las nuevas realidades, requiriéndose una reconfiguración conceptual de su actuación y nuevas prácticas que permitan a las Instituciones de Educación Superior vincularse a su entorno. En este sentido, se deben arbitrar mecanismos innovadores; para ello, es necesario adoptar una cultura emprendedora que explore las oportunidades de producir cambios, todo ello sujeto a un plan derivado de un análisis producto de una investigación formal de la realidad universitaria en particular, sin dejar de lado la perspectiva del entorno educativo, el desarrollo del país para el caso de Venezuela, y su vinculación internacional.


A través del análisis de las diferentes corrientes del pensamiento sobre la educación en general, y consecuencialmente la revisión de los problemas de la educación superior se identifica el impacto de los nodos convertidos en los principales obstáculos para la transformación y modernización universitaria. A través de la experiencia en la dinámica universitaria, se propone una propuesta preliminar para darle forma a un proyecto definitivo financiado por organismos nacionales e internacionales destinados a la construcción epistemológica que facilite la definición de las líneas estratégicas para la formulación científica de un Modelo de Universidad que persiga el cambio y modernización de la educación superior. 


La sociedad debería poder contar con un sistema universitario encargado no solo de generar y transmitir conocimientos, sino que sea capaz de tomar conciencia de la transición, analizar sus implicaciones y encontrar la fuerza autónoma para su autotransformación. De otra manera, el sistema educativo se convertirá en un freno al despliegue del potencial de modernización de nuestras sociedades incluso dentro de un cambio de modelo político. Si no se da el cambio hoy, mañana todavía se estarán egresando profesionales desligados y desactualizados a las nuevas realidades. 


Esta dinámica de cambios, nuevas exigencias y demandas se depositan en los sistemas universitarios, imponiendo una nueva generación de reformas que producen un «papel clave tanto en la generación y movilización de conocimientos como en la formación de sujetos con capacidades de desempeño creativo con el nuevo entorno». 

Es imprescindible la revisión de los procesos académicos, financieros, administrativos y de pertinencia social acompañados de una evaluación de la calidad, y sobremanera, de las necesidades del país. La universidad debe cumplir con las expectativas de la sociedad en la cual se inserta, en función de sus demandas de formación de recursos humanos de alto nivel en áreas prioritarias para el progreso nacional, de los avances de la ciencia y la tecnología para la inserción del país en forma competitiva en la sociedad y, del acercamiento universidad-comunidad mediante el reforzamiento de programas de extensión y otros similares.

Frente a estos antecedentes, en mayor o menor medida “se deben elaborar estrategias de revisión integral que resulten justas, equilibradas, realistas y pertinentes acordes con los avances del mundo, así como también con los requerimientos de la sociedad, buscando canales de interrelación y a la vez, relegitimando su papel como generadora de conocimientos y motor de cambios de la sociedad”.



En atención a ofrecer un análisis sobre las múltiples propuestas que en materia de reforma universitaria se han generado en Venezuela y en general en América Latina, es necesario establecer cuáles son los principales aspectos que interactúan en el tema de reforma universitaria, al detectarse una búsqueda sistemática de los caracteres, antecedentes y factores que interactúan como variables de análisis. En este sentido, se requiere analizar los principales mecanismos que propicien el proceso de transformación universitaria; así como los elementos que permitan configurar una metodología para llevar a cabo el cambio, especialmente, en los aspectos relativos a la gerencia universitaria En el sentido de satisfacer esta inquietud investigativa, es necesario ordenar los aspectos básicos e implícitos en el tema de modernización y transformación universitaria; llevar a cabo un análisis, con la utilización de recursos conceptuales y técnicos que ofrece la Ciencia y establecer las principales características, mecanismos y elementos que impulsen los procesos..

El Sistema educativo venezolano adquiere un gran desafío en lo que se refiere a una revisión integral mediante acciones enmarcadas en una alta complejidad y por lo tanto para solucionarlo se requiere de cambios profundos: políticos, económicos y sociales enfocando el problema dentro de una visión de totalidad, sistémica-globalizadora, integradora, donde todos los elementos del sistema educativo sin descalificación o exclusión de ninguno de ellos, sean considerados para la elaboración de paradigmas y proyectos de acción a mediano y largo alcance, integrales, flexibles, actualizados, definitivamente comprometidos con el cambio permanente y puestos al servicio de una sociedad democrática, solidaria, justa productiva, centrada en el desarrollo autosustentable y armonioso


sábado, 4 de diciembre de 2021

PERSPECTIVAS DE LA UNIVERSIDAD

 


Una visión prospectiva de la educación permite apreciar que  está siendo impactada por la vertiginosa presencia de la tecnología digital donde las estimaciones señalan que la comunidad venezolana vive en la oscuridad digital retando a las agendas educativas sobre el desafío de garantizar el acceso a la sociedad del conocimiento y da por descontado que  “los temas pendientes que arrastramos del siglo XX  siguen relacionados con la cobertura, y acceso tecnológico a los distintos niveles educativos”.

Irremediablemente todo a nuestro alrededor se transforma tal y como se pone de manifiesto en los grandes cambios: las cadenas del comercio, la demografía, los fenómenos climáticos, la evolución exponencial de las tecnologías, y el exceso de información que se genera cada segundo. Cambios que por lo demás sucedían antes de la declaración mundial de la pandemia, pero que, con la nueva realidad, se han acelerado. En este sentido, es necesario interpretar la estructura del sistema educativo y su mayor componente profesional en los escenarios universitarios los cuales han sido intervenidos ideológicamente y que obligatoriamente deben ser tomados en cuenta para formular un proyecto de transformación universitaria, y muy especialmente, de la realidad que está modificando la curva de oferta y demanda laboral. Todo eso obliga a reconfigurar para un futuro mediato un nuevo modelo de universidad y buscar a gran escala centrarse en tareas de mayor valor añadido.


Las tendencias de la sociedad actual aun con las limitaciones estructurales y políticas de nuestro país, requieren una revisión integral para atender la necesidad de los requerimientos académicos, superar los problemas de gobernabilidad nacional y de las instituciones educativas, ir más allá de resolver el secular recorte del presupuesto universitario y para satisfacer las cambiantes necesidades sociales, y su desarrollo dentro de la regionalización de las economías.

Es evidente la elevada tasa de la deserción universitaria la cual ha aumentado con la pandemia. Si bien es cierto, existen allí factores vinculados a la política desarrollada por el régimen que ha sido altamente restrictiva y focalizada, la deficiencia en la conectividad tecnológica, y de apoyo económico obliga a  de trabajar de inmediato en una reestructuración del modelo universitario para ajustar el  tono en que las instituciones de educación superior están dejando de ser una opción para estudiar una carrera, ya no solo como consecuencia de la crisis social, política y económica, sino también por la necesidad de resolver los problemas de inserción en el mercado laboral 

Las universidades en un nuevo escenario prospectivo deberán estar construyendo alianzas con organismos, empresas, e instituciones con estructuras más ágiles colocando en la mesa sus recursos humanos con experiencia investigativa, docente y extensionista, desarrollar nuevos enfoques, profesiones ajustadas a la realidad, y certificar competencias profesionales en formatos curriculares diferentes a los actuales. La educación superior continúa siendo restrictiva tal y como fue concebida en el pasado y va dirigida al colapso acosada no solo por las fuerzas del cambio lo que pone en evidencia el establecimiento de un nuevo paradigma para que sea exitoso dentro de las perspectivas sociales y de desarrollo de los próximos años.

Es este último escenario el que debemos subrayar y en el que deberíamos ubicarnos para adoptar una nueva visión la cual es la clave para desarrollar alta competencia, con verdadera autonomía, y proporcionar las bases para instrumentar estructuras cada vez más auto sostenibles. De acuerdo a los planteamientos propuestos por Silingo y Clark en lo que denominan Innovación Disruptiva   citamos: “ Se argumenta que la pandemia ha puesto al descubierto la necesidad de que la educación superior cambie sus proyecciones de matrícula futura”, en consecuencia,  muchas universidades tendrán que ajustar la forma en que forman a los estudiantes, formular innovadores proyectos y patentes, y aunque no les guste a muchos académicos ortodoxos, hacer negocios si desean sobrevivir económicamente dentro de las perspectivas de  que existe una oportunidad única para aprovechar los cambios emergentes de los últimos años para un buen largo plazo.

Con ese fin, las universidades deben actuar ahora para derribar las barreras de acceso y llegar a una población más amplia y diversa de estudiantes ansiosos de satisfacer las necesidades de una fuerza laboral cambiante y capturar oportunidades profesionales y de aprendizaje a lo largo de toda la vida. Sin duda, la pandemia causó un verdadero dolor a la educación superior, pero también aportó claridad sobre lo que viene a continuación. Mucho ha sido ya escrito sobre cómo el Covid-19 obligó a las escuelas a acelerar la combinación del aprendizaje presencial y en línea. Si bien este cambio abrupto creó desafíos significativos, este modelo híbrido a largo plazo mejorará enormemente. Las nuevas herramientas digitales, pueden ayudar a los educadores a evaluar mejor la participación de los alumnos, proporcionando así a los instructores una hoja de ruta clara sobre cómo perfeccionar y mejorar sus cursos y métodos de enseñanza.

Pero hay otras lecciones que aprender de este año tumultuoso que se extienden mucho más allá del aula; una red educativa reunió a un grupo de líderes de la educación superior para discutir cómo la asombrosa interrupción de las clases presenciales marcó la pauta para proporcionar pistas para re imaginar cómo las instituciones dirigirán sus actividades y servirán a los estudiantes en el futuro. Lo que surgió de las encuestas y discusiones con el grupo fue que el enfoque hibrido es necesario para impartir educación la cual debe ampliarse para incluir no solo cursos académicos, sino también otros elementos principales que impulsan la experiencia de aprendizaje y hacen que el campus funcione, es decir, los servicios estudiantiles, la prestación de servicios profesionales, el desarrollo de las empresas universitarias para administrar los proyectos de investigación y dotar de una poderosa fuerza laboral a la economía que habrá de reconstruirse.

El campus híbrido, trasciende nuestra idea actual de educación combinada con una visión más holística para ofrecer todo lo que ofrece una institución, desde asesoramiento académico hasta cursos y servicios profesionales. Las instituciones tienen la oportunidad de aprovechar con nuevas inversiones y aprendizaje en tecnología digital la experiencia de docentes y de estudiantes y, favorecer el trabajo remoto bajo la premisa que este enfoque podría hacer que las instituciones se centren más en el estudiante y en sus profesores a fin de garantizar su sostenibilidad.

Otros cambios requieren de una mejor estrategia, como por ejemplo, administrar a los estudiantes como componentes vitalicios y recopilar información en tiempo real sobre las necesidades cambiantes de la fuerza laboral, para ello, las universidades pueden desarrollar programas académicos flexibles para la economía en evolución, organizar cursos acreditables para un plan de estudios en particular y, que estén siempre disponibles en programas de educación continua. También es imprescindible utilizar las preferencias de los estudiantes e identificar métricas comunes para averiguar dónde suelen quedar atrapados en su trayectoria académica apoyados en el desarrollo de cursos diseñados para la era digital (en lugar de simplemente grabar las clases en el aula o enseñar a través de Google Meet, Zoom u otra plataforma), un elemento estratégico que se debe emplear es un «mapa» que los miembros del profesorado preparen para ayudar a decidir qué se imparte mejor en línea y qué es mejor para la instrucción presencial. 

Solemos pensar en universidades para enseñar a los estudiantes una profesión, y realizar investigaciones, pero hay que tomar en cuenta que también son lugares de trabajo. El campus híbrido requerirá que la gerencia universitaria identifique las funciones que son de importancia crítica para la misión de la institución y centren sus recursos humanos en esas funciones. Otros servicios podrían ser mejor prestados por entidades externas creadas por la propia universidad que pueden invertir en esos servicios y proporcionarlos a escala económica complementaria.

En el centro de cualquier cambio en la educación superior no es de extrañar que la administración y el profesorado no estén dispuestos a afrontar por razones atávicas, incluso se nieguen a adoptar nuevos procesos administrativos, estructuras y mediciones de desempeño; sin embargo, como vimos durante la pandemia, es posible hacer cambios que se pensaba que tardarían años en implementarse, pero se pusieron en marcha casi de la noche a la mañana cuando los campus se cerraron temporalmente. 

Las inversiones realizadas y las que haya que realizar son elementos claves para la ampliación de verdaderas plataformas de educación a distancia, bibliotecas digitales, hemerotecas, “big data técnica”, ediciones arbitradas, sistemas de control de plagios, plantas de video “streaming”, estudios de producción, producción de conocimientos, desarrollo de contenidos y de laboratorios virtuales para la educación en línea los cuales son complementos importantes para el «gran experimento de la educación para el futuro», para lo cual, tanto los beneficios como los inconvenientes, son demasiado potentes para ignorarlos.

La educación superior es un servicio público, un nuevo y necesario modelo de gobierno democrático tiene la responsabilidad indelegable e indeclinable de garantizar el desarrollo y calidad del sistema de educación superior concebido como un conjunto articulado de instituciones, programas y escalas atractivas de remuneración; debe procurar los recursos necesarios para su funcionamiento y velar por el cabal cumplimiento de sus procesos, orientaciones y principios en correspondencia con el interés nacional.  En ese sentido la educación superior es un factor estratégico para la reconstrucción nacional, social, consolidación de la democracia, de la soberanía nacional y de una sociedad mejor. 

Entendemos que el sistema universitario en un sentido prospectivo debe coadyuvar a acometer un trabajo de envergadura, incluso de alcance internacional para reformular el sistema universitario y el diseño de una universidad en particular, ello es necesario, pero el objetivo final es definir una política de gobierno el cual bajo un modelo adecuado tiene la obligación de atender las propuestas de un estudio exhaustivo del sistema dentro de las perspectivas de cambio. Estos requerimientos requieren de un proyecto de investigación holístico y la determinante inversión financiera para lograr los objetivos de inducir al cambio y lograr la transformación del sistema orientado a plantear una nueva universidad cuyos componentes estructurales estén asociados al compromiso del liderazgo universitario para su instrumentación.